El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió otorgar un nuevo plazo a Irán para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, en un contexto de alta tensión geopolítica y negociaciones aún en curso entre ambos países.
De acuerdo con reportes recientes, el mandatario estadounidense extendió el ultimátum hasta el 6 de abril, luego de que el gobierno iraní solicitara más tiempo en medio de contactos diplomáticos indirectos. La decisión implica una prórroga de aproximadamente diez días respecto al plazo previamente fijado, durante el cual Washington había advertido posibles ataques contra infraestructura energética iraní si no se garantizaba la apertura total de esta vía marítima.
El estrecho de Ormuz es considerado uno de los puntos más críticos para el comercio energético global, ya que por esta ruta transita cerca del 20 por ciento del petróleo mundial. Su cierre o restricción, como ha ocurrido en las últimas semanas, ha generado impactos inmediatos en los mercados internacionales y en el suministro de hidrocarburos.
La actual crisis se originó tras una escalada militar iniciada a finales de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques contra objetivos en Irán. En respuesta, Teherán bloqueó el paso marítimo en el estrecho y advirtió que solo permitiría el tránsito de embarcaciones autorizadas, lo que redujo drásticamente el flujo comercial y elevó los precios del petróleo.
En este contexto, Trump había emitido previamente un ultimátum exigiendo la reapertura completa del paso, bajo la amenaza de atacar instalaciones eléctricas iraníes. Sin embargo, el aplazamiento reciente sugiere un intento por mantener abiertas las vías diplomáticas, a pesar de que el conflicto continúa sin una resolución clara.
El gobierno estadounidense ha señalado que las negociaciones avanzan de manera positiva, aunque las autoridades iraníes han mantenido una postura más cautelosa y han evitado confirmar contactos directos. Mientras tanto, la región del Golfo Pérsico permanece bajo fuerte vigilancia militar y con riesgos latentes de una escalada mayor.
La ampliación del plazo refleja la complejidad del conflicto, en el que convergen intereses energéticos, estratégicos y políticos a nivel global, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el impacto potencial en la estabilidad económica y en la seguridad internacional.


