En la industria deportiva moderna, la analítica se ha convertido en una herramienta fundamental para evaluar el rendimiento y tomar decisiones. Sin embargo, cuando se utiliza de manera equivocada, puede tener efectos devastadores, como lo demuestra la situación de Tottenham Hotspur en la temporada 2025-2026 de la Premier League.
En la obra Moneyball, Michael Lewis relata una historia poco conocida sobre los Houston Astros, quienes encargaron un estudio para analizar cómo afectaría la cercanía de las vallas en el estadio al rendimiento del equipo. El estudio concluyó que acercarlas reduciría las probabilidades de éxito del equipo, pero la directiva, decidida a hacer el cambio, optó por ocultar los resultados para justificar su decisión. Esta historia refleja una tendencia común en la gestión de equipos deportivos: usar los datos no para mejorar el rendimiento, sino para respaldar decisiones ya tomadas.
Un caso similar se puede ver en el fútbol actual, especialmente en el caso de Tottenham Hotspur. A pesar de contar con uno de los planteles más valiosos del mundo, el equipo londinense se encuentra luchando por la permanencia en la Premier League. ¿Cómo es posible que un club de estas dimensiones se haya visto arrastrado a una pelea por no descender? La respuesta parece ser que, en lugar de analizar lo que realmente importa, Tottenham ha estado usando la analítica de manera equivocada.
En el fútbol, uno de los conceptos fundamentales de la analítica es el de “goles esperados” (xG, por sus siglas en inglés). Este indicador se basa en la probabilidad de que un equipo convierta en gol según las oportunidades generadas durante un partido. En otras palabras, mide qué tan buenas son las situaciones ofensivas de un equipo. Sin embargo, a pesar de la relevancia de este dato, Tottenham se encuentra en una situación alarmante, con una diferencia de goles de -11 y un diferencial de xG aún peor (-15,13). A pesar de ser uno de los equipos más ricos del mundo, los datos sugieren que el equipo ha tenido un rendimiento muy por debajo de lo esperado, lo que pone en duda la eficacia de sus decisiones estratégicas.
El principal problema radica en un aspecto clave del fútbol: el pase. La habilidad para mover la pelota de manera efectiva es esencial para cualquier equipo que aspire a tener éxito. Sin embargo, según un análisis realizado por Gradient Sports, Tottenham tiene a casi todos sus jugadores fuera del top 100 en cuanto a efectividad en los pases. La habilidad para hacer un pase preciso y oportuno es la base de cualquier jugada exitosa en el campo, y este déficit ha sido una de las principales razones por las que el equipo no ha logrado rendir como se esperaba.
Más allá de los fallos tácticos en el campo, existe un problema aún mayor: el auge de la analítica física en el fútbol. Mientras que en el béisbol los modelos de datos han permitido avanzar en la comprensión del rendimiento de los jugadores, en el fútbol muchos equipos están comenzando a priorizar métricas físicas, como la velocidad y la resistencia. Aunque estas estadísticas pueden ser útiles, no son el factor decisivo para ganar partidos. Tottenham, bajo la dirección de Johan Lange, ha fichado a varios jugadores con altas calificaciones en “atleticismo”, sin tomar en cuenta que la habilidad para ejecutar pases es mucho más crucial. Como resultado, el equipo ha acumulado una plantilla llena de jugadores rápidos y explosivos, pero con una capacidad limitada para realizar lo más básico en el fútbol: pasar la pelota.
Es aquí donde el error estratégico se vuelve claro. En su afán por construir un equipo basado en nuevas métricas, Tottenham ha descuidado lo que realmente importa en el juego: la capacidad técnica de sus jugadores para ejecutar jugadas efectivas. El equipo ha priorizado el “atletismo” sobre la habilidad técnica, lo que ha generado un punto ciego en la toma de decisiones. Como dijo Billy Beane en Moneyball, lo importante no es cuán grande o rápido es un jugador, sino si realmente puede “batear”. En el caso de Tottenham, la pregunta que nunca se hizo fue: ¿Pueden pasar la pelota?
En resumen, el descenso de Tottenham Hotspur no es el resultado de una “mala suerte histórica” o de una serie de infortunios. Más bien, es un claro ejemplo de cómo el mal uso de la analítica puede destruir a un equipo. En lugar de utilizar los datos para identificar y mejorar las áreas críticas del rendimiento, el club ha optado por justificar decisiones erróneas basadas en métricas superficiales. Si Tottenham quiere evitar el descenso y recuperar su posición en la Premier League, debe reevaluar su enfoque y recordar que los datos deben servir para mejorar, no para justificar lo que ya se ha decidido.


