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La pareja IX: Lo primero es la pareja

Santiago Heyser
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De Ser a Ser, por: Santiago Heyser. 

Fruto del interés mutuo, dos personas independientes
deciden formar pareja. Con el tiempo tienen hijos y conforme al ciclo natural,
los hijos crecen y se van.

Si la pareja es el inicio, eje y fundamento de la familia ¿por qué
eventualmente nos equivocamos y priorizamos a los hijos sobre la pareja o sobre
nosotros mismos? La respuesta es: porque pervertimos el amor a los hijos
convirtiéndoles en eje de todo y porque no sabemos amar y mantener el amor de
pareja a través del tiempo, ya que, derivado de los cambios naturales que todos
tenemos, tendemos a alejarnos del amor a la pareja o lo damos sentado y,
finalmente, porque perdemos de vista el orden natural de la familia. No es de
extrañar, entonces, que el abnegado amor a los hijos, anule nuestras vidas y
genere conflictos que deterioren la relación de pareja y eventualmente lleven a
la separación.

Para efectos de éste artículo, daremos por sentado que es el interés
legítimo formar pareja para fundar una familia, ya que perversiones cliché como
que el interés sea ser mamá y solo encontrar un papá para embarazarse y
“asegurar” el sustento, o, me caso porque estoy embarazada, o, solo quiero ser
papá y me busco a una mujer para que se encargue de los niños en casa mientras
trabajo, son por definición relaciones cimentadas en la manipulación, el engaño
y el egoísmo; en cuyo caso no son tema de este análisis.

Si vamos a hablar de la familia, esa que vale la pena, en donde la
pareja hace equipo, comparten sus individualidades y ambos se complementan, se
respetan y se aceptan como son porque se escogieron libremente, buscando a
través de la vida en pareja una mejor forma de vivir y el crecimiento y
desarrollo del potencial de cada uno… entonces comencemos por el principio; si
una persona quiere formar una familia, necesita una pareja, no un hijo, es así
de simple, ya que en el orden natural no puede ser de otra manera: El eje y
cimiento de la familia es la pareja, ¡no los hijos! La realidad es que los
hijos son prestados y solo conviven con los padres un tiempo, mientras crecen,
para luego volar y abandonar el nido para comenzar a forjar sus propias vidas.

Desde la perspectiva de los hijos parece genial que ellos sean el centro
de la familia y no los papás, después de todo, nuestra naturaleza egoísta está
presente desde que somos niños. El problema es que, lejos de contribuir a su
desarrollo y sano crecimiento, se les enseña, gracias al mal ejemplo de los
padres, a dejar de vivir sus vidas y a mal entender el amor como una relación
de posesión y codependencia, en lugar de que aprendan que las relaciones deben
sustentarse en la alegría y felicidad de compartir, en donde me preocupo, con
gusto, de que la persona amada viva su vida feliz y libre, fomentando así el
amor basado en la libertad, el respeto y por consecuencia, la aceptación total
de la persona amada.

Por supuesto, no hay que confundir lo principal con lo urgente, así,
aunque la pareja sea lo más importante, eventualmente nuestros hijos requerirán
de nuestra atención total, por ejemplo, como cuando son bebés y requieren una
cercanía especial con mamá para alimentarlos o cuando crecen y el día sábado se
organiza la familia a partir del juego deportivo de los hijos.

El problema nace cuando los hijos se vuelven prioridad. No solo nos
distanciamos y corremos el riesgo de perder a la pareja, nos terminamos
perdiendo a nosotros mismos justificados en este amor mal entendido hacia los
hijos, porque dejamos de vivir nuestras vidas, dejando de crecer y dejando de
perseguir nuestros sueños, para que, pasado el tiempo, los hijos se vayan y nos
demos cuenta que nos quedamos estancados, sintiéndonos viejos y frustrados.
Para cuidar y formar una familia, primero hay que vivir uno su propia vida,
después compartirla con la pareja al tiempo que nos comparte su vida y
finalmente atender y amar a los hijos, en ese orden… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

Twitter: @SantiagoHeyser
Correo: heyser@deseraser.mx

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