Por: Fernando Belaunzarán.
Subordinar todo a los fines de la propaganda tiene
costos, y no se diga cuando eso significa desentenderse de las discretas formas
de la diplomacia. El Presidente mexicano decidió hacer pública una carta
personal a su homólogo chino, Xi Jinping. En ella le pide información sobre
envíos al país de fentanilo: ¿quiénes la importan?, ¿en qué cantidad?, ¿cuáles
embarcaciones?, ¿a qué puertos arriban?
Las preguntas las formula, extrañamente, después de
jactarse del control que tiene la Marina de todo lo que se importa por vía
marítima y descalificar los señalamientos de legisladores norteamericanos por
presuntas omisiones en el combate a la fabricación y trasiego del opioide
sintético, asegurando con vehemencia nacionalista que no cede a esas presiones,
sino a un interés puramente humanitario. Lo peor de todo es que la improvisada
candidez tuvo respuesta.
Este tipo de intercambios suelen ser privados, pero
López Obrador quiso, con la publicidad, dejar establecida su intención de
colaborar para detener el tráfico ilegal de las pastillas que han generado una
epidemia con decenas de miles de muertos en Estados Unidos, cuidando el
mostrarse ante su porra como celoso guardián de la soberanía. Parece un gesto
hacia los congresistas de ese país que lo visitaron en Palacio Nacional, sin
descuidar su flanco interno. Les dije que el fentanilo no se produce en México
y para que no queden dudas sobre mi deseo de ayudarlos pediré información al
gobierno chino, porque de algún lado tiene que venir. La ingenuidad se
desparrama mientras presumen destruir laboratorios clandestinos.
El pueril desplante fue respondido con desprecio. A
una vocera de la cancillería china le tocó batear la petición: no hay tales
envíos, no tienen conocimiento de incautaciones de fentanilo elaborado por
ellos, el problema es de los norteamericanos y ellos deben resolverlo sin
culpar a otras naciones. Eso generó a su vez una reacción del Departamento de
Estado, insistiendo en la responsabilidad de ese país por producir los
precursores necesarios para sintetizarlo, mismos que utilizan los cárteles
mexicanos.
La carta resultó una ocurrencia fallida, porque carece
de credibilidad una misiva diplomática pensada como texto propagandístico y
nadie podía esperar que el gobierno chino se incriminara. Por cierto, quejarse
del intervencionismo de tu aliado comercial con su rival geopolítico no es acto
de buena vecindad y puede tomarse como un pueril amago, otro más.
La relación más importante de México es con Estados
Unidos y, lejos de cuidarla, se está desgastando por el estilo personal de
gobernar de quien cree que la soberanía popular y nacional reside en su
voluntad y, por lo mismo, la considera incontestable, sin importar que
contraríe leyes, constituciones y tratados. Ya consiguió lo que parecía
imposible: que republicanos y demócratas coincidieran en algo, así sea en la
animadversión a su gobierno.
Si a unos les molesta la alineación con dictaduras del
Eje Bolivariano (Cuba, Venezuela y Nicaragua) y la actitud displicente y
escasos resultados en el combate al narcotráfico, a los otros les disgusta el
socavamiento de la democracia mexicana y de sus instituciones, así como su
insistente apoyo a Donald Trump, quien apenas empieza a sufrir las
consecuencias penales de sus felonías. Unos y otros reprueban las violaciones
al T-MEC.
Por cierto, pocas cosas hacen tan felices a los
legisladores radicales del partido republicano como la decisión del mandatario
de confrontarlos. Les da relevancia nacional, los fortalece con su base
xenófoba y contribuye a llevar la conversación a donde les conviene: la
violencia sin control que los amenaza desde México. ¿No lo sabrá López Obrador
o es otra forma de ayudar a Trump en las elecciones del próximo año?
Contener la migración ha sido, hasta ahora, la moneda
de cambio para sobrellevar la relación bilateral, a pesar de su creciente
rispidez, pero el precio ha sido muy alto y lo pagan los más vulnerables. En
México se vive una desgarradora crisis humanitaria con los migrantes que
quieren llegar a Estados Unidos, la mayoría en busca de refugio. Debemos
encontrar una solución, pero eso no será posible mientras predomine la
propaganda sobre la diplomacia.


