Luca Zidane llegó a Argel en octubre de 2025 sin haber disputado todavía un solo minuto con la selección argelina, pero con una recepción digna de una figura consagrada. Miles de aficionados lo esperaron en el aeropuerto para darle la bienvenida a un país que, aunque no fue el de su nacimiento, siempre estuvo presente en la historia de su familia. Con su decisión de representar a Argelia, el arquero del Granada de la Segunda División de España no solo abrió una nueva etapa deportiva, también terminó de cerrar un círculo emocional entre Francia, Argelia y el legado de los Zidane.
Nacido en Aix-en-Provence, Francia, el 13 de mayo de 1998, Luca creció inevitablemente ligado al apellido de su padre, Zinedine Zidane, una de las máximas leyendas del futbol francés y mundial. Apenas dos meses después de su nacimiento, Zizou se convirtió en héroe nacional al marcar dos goles en la final del Mundial de Francia 1998 ante Brasil, en una noche histórica que le dio a su país su primera Copa del Mundo. Desde entonces, el apellido Zidane quedó unido para siempre a la gloria francesa, aunque sus raíces familiares miraban también hacia Argelia.
La historia argelina de los Zidane comenzó antes de Luca e incluso antes de Zinedine. Smail y Malika, padres de Zizou, dejaron su país en medio del conflicto armado y encontraron en Marsella un nuevo hogar durante la década de los sesenta. Como muchos argelinos de aquella época, emigraron marcados por las dificultades de una infancia bajo dominio francés. Smail llegó a recordar esa etapa con dos palabras contundentes: “hambre y frío”. En Francia nacieron sus cinco hijos, entre ellos Zinedine, quien nunca ocultó la importancia de sus padres en su formación personal.
El propio Zizou, emocionado, reconoció en 2017 el papel fundamental de Smail y Malika en su vida: “Mi padre y mi madre siempre han sido nuestros guías. Cuando uno se convierte en padre y tiene una vida profesional y una vida emocional buena creo que han hecho su trabajo bien. Yo trato de aplicar a mis hijos lo que mis padres hicieron”. Esa idea de familia, origen y valores también acompañó la crianza de Luca, quien, pese a haber crecido rodeado de privilegios por la carrera de su padre, fue educado con la intención de mantener los pies en la tierra.
Zinedine Zidane también explicó en su momento que, junto con su esposa, Veronique Fernandez, buscó evitar que sus hijos crecieran desconectados de la realidad. En la biografía escrita por Frederic Hermel, el exjugador expresó: “No quiero que la abundancia, todo lo que represento, todo lo que pasa a mi alrededor, los lleve por mal camino. Quiero que sean buena gente”. Esa formación familiar acompañó a Luca en un camino futbolístico que siempre estuvo bajo una mirada especial por cargar uno de los apellidos más importantes del deporte.
Luca Zidane se formó en las categorías inferiores del Real Madrid, club en el que su padre también construyó una parte fundamental de su leyenda como jugador y entrenador. Su debut en Primera División llegó en la temporada 2017-2018, en un empate 2-2 ante Villarreal por LaLiga. Después de aquel partido, el joven arquero dejó una frase que reflejaba su deseo de construir una identidad propia: “Cuando juego soy Luca, no Zidane”. Sin embargo, alejarse de la sombra de su padre nunca fue una tarea sencilla.
Tras no lograr consolidarse en el arco del Real Madrid, inició un recorrido por distintos clubes españoles. Pasó por Racing de Santander, Rayo Vallecano y Eibar, todos en Segunda División, hasta llegar en 2024 al Granada. Mientras tanto, su vínculo con la selección francesa parecía haber quedado limitado a las categorías juveniles. En 2014 fue convocado a la Sub-16 de Francia y un año más tarde se coronó campeón del Europeo Sub-17, torneo en el que fue el arquero menos vencido. Pero llegar a la selección absoluta era una historia mucho más complicada.
Ante un panorama difícil en Francia y también en España, país del que posee nacionalidad por parte de su madre, apareció con fuerza la posibilidad de representar a Argelia. El interés del técnico Vladimir Petkovic fue clave para abrirle la puerta al combinado africano. El 19 de septiembre de 2025, la FIFA aprobó su cambio de nacionalidad deportiva y la convocatoria llegó de inmediato. Para Luca, la decisión no fue únicamente deportiva, sino también familiar y emocional. “Desde chico hubo una cultura argelina en mi familia. Argelia me hace pensar en mi abuelo. Hablé con él antes de venir y estaba muy emocionado”, explicó.
Su debut con Argelia llegó en la última fecha de las Eliminatorias, cuando la clasificación al Mundial 2026 ya estaba asegurada. Fue titular en la victoria 2-1 ante Uganda y comenzó a ganarse un lugar en una selección con historia, peso y ambición dentro del futbol africano y árabe. También tuvo participación en la Copa de África, donde dejó buenas sensaciones pese a la eliminación en cuartos de final frente a Nigeria.
Ahora, Luca Zidane se prepara para vivir una Copa del Mundo distinta a la que marcó la historia de su padre. Mientras Zinedine fue símbolo de Francia en 1998, su hijo podría defender el arco de Argelia en el Mundial 2026 y, en el debut, cruzarse nada menos que con Argentina. Todavía no está confirmado si será titular el 16 de junio, pero su presencia en la convocatoria ya representa una historia poderosa: la de un futbolista que busca salir de la sombra de un apellido inmenso, honrar sus raíces y escribir su propio capítulo mundialista.
Bajo la mirada de Zinedine Zidane, Luca llega a esta Copa como parte de una historia que mezcla migración, memoria, identidad y futbol. Su elección por Argelia no borra su pasado francés ni el legado familiar construido en Europa; al contrario, los une. En él conviven la tierra donde nació, el país que hizo ídolo a su padre y la patria de sus abuelos. Por eso, su camino al Mundial 2026 es mucho más que una decisión deportiva: es el regreso simbólico de una familia a sus raíces.


