“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.
”
— Juan 11:25
Hay personas que atraviesan el mundo dejando ruido.
Y hay otras que dejan algo infinitamente más difícil de encontrar: bondad verdadera.
Con profundo dolor, pero también con la esperanza puesta en Dios, hoy despedimos a
Raúl Hernán Torre Rodríguez
Un hombre íntegro, noble y profundamente humano.
De aquellos cuya sola presencia transmitía serenidad.
De esos corazones excepcionales que ayudaban sin esperar recompensa, que amaban
desde la honestidad más pura y que, incluso en silencio, sostenían a quienes tenían
alrededor.
Fue ingeniero químico, pero por encima de cualquier profesión, fue una de esas almas
extraordinarias que aún sabían habitar el mundo con ternura, dignidad y compasión en
tiempos donde la sensibilidad parece extinguirse.
La muerte no duele únicamente por la ausencia.
Duele porque existen personas tan genuinamente buenas que parecían imposibles de
perder.
Y aun así, la vida las arranca.
Sin advertencia.
Sin clemencia.
Sin importar cuánto amor dejamos pendiente.
Hoy su partida deja un vacío inconmensurable, porque no solo despedimos a un abuelo,
padre, hermano o esposo sino a una parte del hogar, de la memoria y del amor mismo.
Pero la fe nos recuerda que el alma no concluye aquí.
Que Dios acoge a quienes vivieron desde la bondad auténtica.
Y que existen seres tan colmados de luz que incluso la muerte resulta insuficiente para
borrarlos.
Porque algunas personas no se convierten únicamente en recuerdo:
se convierten en parte irrevocable de quien eres.Confiamos en que hoy descansa en los brazos del Señor, libre del dolor terrenal y rodeado
de la paz eterna.
Raúl Hernán Torre Rodríguez
25 noviembre 1948 — 10 de mayo de 2026
Gracias por tu amor, tu ternura y todo lo que sembraste en nuestras vidas.
Te extrañaremos eternamente.
Descansa en paz.
Que Dios te reciba en su gloria eterna.
Misa: San Juanistas lunes 7:00 pm



