El conflicto en Irán no sólo ha dejado consecuencias humanitarias y económicas para millones de personas, también ha abierto una nueva ventana de ganancias para los grandes actores del sector energético, de acuerdo con una denuncia presentada por Oxfam en vísperas de la cumbre del G7 en Évian, Francia.
La organización señaló que 41 milmillonarios del sector energético pertenecientes a países del G7 incrementaron su riqueza en 23 mil 500 millones de dólares desde el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Según el análisis de Oxfam, esta cifra equivale a 301 millones de dólares diarios, en un contexto marcado por el aumento de los precios de la energía y los alimentos.
El informe también advierte que seis de las principales corporaciones petroleras y gasísticas podrían ver sus ganancias dispararse 80% por encima de las estimaciones previas al conflicto, lo que representa 68 mil millones de dólares adicionales. Con ello, sus beneficios proyectados para 2026 alcanzarían los 152 mil millones de dólares, equivalentes a 416 millones de dólares al día.
La denuncia de Oxfam coloca el foco en el contraste entre el enriquecimiento de las compañías energéticas y el deterioro de las condiciones de vida de la población más vulnerable. La organización advirtió que el encarecimiento de la energía y los alimentos golpea con mayor fuerza a los hogares de países de ingresos bajos y medios, que ya enfrentan endeudamiento, crisis climática y años de inestabilidad económica.
Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam Internacional, criticó que los conflictos sigan funcionando como un mecanismo de acumulación para unos cuantos. “El conflicto devasta países y cuesta incontables vidas, pero para algunos es extraordinariamente rentable”, afirmó. También calificó el panorama como “un sistema brutal que redistribuye la riqueza hacia arriba”, al señalar que mientras familias reducen comidas y gobiernos recortan ayuda, se observa una “grotesca bonanza para los multimillonarios”.
El señalamiento ocurre mientras los países del G7 han reducido la ayuda oficial al desarrollo. Oxfam sostuvo que, entre 2024 y 2025, estas naciones aplicaron el mayor recorte de su historia en este rubro, con una disminución de 48 mil millones de dólares destinados a los países más pobres. La organización comparó esa cantidad con la riqueza acumulada por los milmillonarios del G7 en apenas nueve días durante el mismo periodo.
La organización también acusó falta de voluntad política para responder de manera coordinada ante la nueva crisis global. A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia de Covid-19 o tras la invasión rusa de Ucrania, cuando se suspendieron pagos de deuda y se activaron mecanismos de financiamiento de emergencia, Oxfam consideró que ahora los gobiernos más poderosos están actuando con parálisis y retroceso.
Ante este escenario, Oxfam pidió a los líderes del G7 aplicar impuestos a las ganancias extraordinarias de las corporaciones y a la riqueza extrema, suspender y cancelar deuda de países vulnerables, aumentar la ayuda al desarrollo y respaldar una nueva emisión de derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional. Para la organización, la crisis no sólo exige una respuesta humanitaria, sino también una revisión profunda de un modelo económico que permite que la guerra se traduzca en beneficios extraordinarios para los sectores más ricos.
El caso de Irán, según la denuncia, vuelve a exhibir una contradicción que se repite en las grandes crisis internacionales: mientras la población enfrenta inflación, inseguridad alimentaria y deterioro de los servicios básicos, las grandes compañías vinculadas a recursos estratégicos encuentran condiciones para multiplicar sus beneficios. En ese contexto, Oxfam insiste en que el costo humano de la inacción no se mide únicamente en cifras económicas, sino en vidas afectadas por decisiones políticas que favorecen la concentración de riqueza por encima de la protección social.


