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Divisiones

Raul Sales Heredia
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A casi un año del cambio de administración ejecutiva, en la primera ocasión en la que el país es gobernado por la izquierda pueden sacarse muchas conclusiones, unos dirán que vamos de mal en peor, otros dirán que vamos bien pero, que fueron décadas de abusos y que un año no es tiempo suficiente. Unos critican visceralmente al gobierno, otros lo defienden a ultranza.

Y, más allá de la opinión que le merezca este gobierno, o de si es el ungüento de la Magdalena o la caja de Pandora, lo único que podemos dar como certeza es que estamos (como parece que siempre hemos estado) divididos como nación. Sin embargo, en este momento, además de las divisiones de ideología (que en nuestro país más que un asunto de convicción parece un asunto de etiqueta quitapón) surgen palabras como “chairo”, retomamos términos como lo es “fifí”, surgen clasificaciones pigmentocráticas y las redes se vuelcan en acusaciones sin sentido, con una furia y resentimiento que llevaban décadas ahí, apenas contenidas, generando una presión que proviene de una profunda desigualdad que sin ponerle el adjetivo de “alentada” si podríamos decir que fue, sin duda alguna, ignorada.

Ha sido tan constante que ya se utilizan como insulto y peor aún, se generaliza de tal manera, en algo tan trivial como el “dinero” que se deja de lado lo que verdaderamente define a un ser humano, el mérito de sus acciones, la conducción de su vida, los valores y los principios. Cosa extraña cuando uno de los fundamentos buscados en esta transformación nacional es acabar con la corrupción y esta, no es exclusiva de una clase social.

A que voy con esto, si hay un joven que estudia y saca buenas calificaciones merece un reconocimiento, si este, tuvo la fortuna de nacer en una cuna de oro, bien por él, ahora, si nació en una casa humilde, bien por él. Es decir, el mérito del joven no proviene de donde nació sino del hecho de estudiar y prepararse, claro, si no tiene preocupaciones económicas, puede solo dedicarse a ello, en cambio, el otro, debe de distribuir su tiempo entre trabajar y estudiar. A vuelo de pájaro, diríamos que el mérito mayor es de quien nace en cuna humilde y efectivamente, superar adversidades merece un mayor reconocimiento, sin embargo, el caso es que lo que sucede en estos momentos no es brindarle un mayor reconocimiento, es, por el contrario, denostar al nacido en cuna de oro por algo que ni siquiera estuvo en sus manos, eso, de ninguna manera será correcto se vea como se vea. Si se le da lo mismo al que no hace nada que al que se esfuerza todos los días, se privilegia la inacción por encima de la superación. Un niño se porta mal y otro bien en el mismo lugar, a los dos se les da el mismo dulce, el que se portó mal entiende que es indistinto, que se lo merece, que es su derecho; el que se portó bien, entiende que da igual como se porta, que si el niño que rompió su juguete, que lo mordió y que lo golpeó también recibe el mismo dulce que él, a la próxima no se dejará, por el contrario, él hará lo mismo y no le importará portarse bien.

En un estado que busca brindar las mismas oportunidades a su gente se debe de cumplir con los satisfactorios básicos y humanitarios, casa, comida, vestido, salud y educación pero, a partir de cumplir con ello, se debe de privilegiar el esfuerzo, el mérito de cada uno en relación a su crecimiento personal y su aportación nacional, no hacerlo de esa forma, es una mezquindad social.

Si queremos cambiar nuestra sociedad y siguiendo la idea de brindar las mismas oportunidades, deberíamos de poner las mejores escuelas en los lugares más pobres y los mejores hospitales en las regiones con mayor necesidad. Las divisiones no nos llevan a ningún lado, solo son reflejo de nuestros más oscuros demonios, de nuestro absurdo sentido de superioridad o inferioridad, todos somos iguales y, a la vez, todos somos individuos únicos que debemos de aprender a respetar nuestras diferencias.

Por muchas buenas intenciones que tenga el presidente será muy difícil que cambie algo sin la participación de la sociedad y nunca se ha producido un cambio social con una sociedad dividida. Debemos de construir más allá de envidias, de corajes añejos, incluso, más allá de ideologías políticas, si algo nos hermana es nuestro México y no existen los mexichairos o los fifícanos, somos mexicanos y punto. Eso de pensar que ahora me toca a mí fregar a los que nos fregaron no es ni útil ni productivo; eso de señalar por señalar en base a superficialidades sin tomarse el tiempo de conocer al otro, es la más absurda de las decisiones.

No somos chairos, no somos fifís, no nos define ni la cuna, ni la ideología, ni el color de piel, somos lo que nuestras acciones, elecciones, principios, valores y nuestro interactuar social hacen de nosotros, somos familia a pesar de todo, somos mexicanos y ser buenos o malos mexicanos… es una decisión unilateral y personal.

Raul Sales Heredia
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