Cultura, por: Francisco Solís Peón.
Hay
hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son
mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que
luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. Bertolt
Brecht.
Año del
coronavirus. Un día del maestro atípico, sin clases y sin posibilidad alguna de
celebración, no queda nada más que recuerdos y salones vacíos.
Siempre he desconfiado del origen tanto comercial como
político o religioso de la celebración del día de la madre en México, no así en
lo que respecta al día del maestro que por cierto es anterior. Un día varios
diputados con carrera docente elaboraron una petición que el presidente pronto
convirtió en decreto en 1918. En aquéllos años de plena revolución ser maestro
representaba un verdadero apostolado, tomando en cuenta que leer y escribir
eran actividades reservadas a minorías que el grueso de la población consideraba
por demás poco útiles.
Tiempos de aislamiento queda comprobado que la
enseñanza remota simplemente no compite con la presencial, algo que se
vislumbraba desde hace décadas con las telesecundarias, estamos demasiado
acostumbrados a la interacción humana y ¡Qué bueno que así sea! De niños la
escuela se convierte en nuestro mundo, el propio, no el que necesariamente
tenemos que compartir de alguna forma con el resto del núcleo familiar,
posteriormente nuestro centro de estudios es la nave que nos llevará a todos
los puertos que nos depara la vida, finalmente uno inevitablemente reacciona de
acuerdo a la educación recibida (sea formal o no).
Aunque normalmente sea una actividad grupal, la
formación académica es asimilada de manera diferente por cada individuo y por
cada grupo (que muchas veces forma una personalidad aparte de la de cada uno de
sus integrantes. Por eso no debe sorprendernos que en el ámbito literario las
obras con protagonistas docentes resulten demasiado intimistas, sobre todo para
“milenials” y demás fans de la cultura digital. Me limitarée entonces a
mencionar solo dos por ser clásicas del tema: “Adiós Mr, Chips” (1934 de James
Hilton) y “Al maestro con cariño” (1959 de E.R. Braithwaite) ambas de
manufactura norteamericana.
Y si bien las novelas sobre maestros de escuela en mi
opinión se encuentran un poco desfasadas, las películas que surgen de sus
respectivos argumentos son magníficas, la primera tiene dos versiones una de
1939 y otra más actualizada de 1969, entre ambas coleccionaron cinco premios de
la academia. Por su parte la producción británica de “Al maestro con cariño”
estrenada en 1967 se volvió emblemática, el actor de color Sidney Poitter fue
inmejorable como protagonista, el reparto cumplió mucho más allá de las expectativas
y el tema musical del mismo nombre fue considerada por la revista Billboard
como la canción del año.
Para los que somos ochenteros la película hollywodense
“Teachers” de 1984 es de referencia obligatoria, muchos recordarán sus
secundarias y prepas pero en versión gabacha, hay maestros de todos colores y
sabores, corruptos, idealistas, desmotivados, combativos y hasta lunáticos. De
la pantalla chica recuerdo la serie “Boston Public” (con distintas
denominaciones en español) que retrata el ambiente complejo y peligroso de las
preparatorias estatales en USA durante los años noventa, no me hagan mucho caso
pero creo que está disponible en la aplicación de Fox o lo que quede de ella.
Existe por ahí un churro mexicano que año a año nos
receta Televisa por estas fechas, la película se llama Simitrio (1960) y nos
refleja ese cine chabacano y cursi de mediados del siglo pasado y auspiciado
por el autoritarismo hipócrita de entonces.
Me voy a permitir una reflexión final, al maestro le
cae nuestro destino en sus manos, cada uno tiene su estilo, unos moldean el
espíritu con la sutileza de un artesano, otros utilizan la fuerza del forje,
otros más aspiran a lo sublime que conlleva la composición de una cuidada
melodía.
Si me preguntasen quiénes de ellos están en mí y lo
estarán por siempre podría decir que de alguna manera todos pero sin duda los
más notables son: En la primaria Don Eligio Magaña Martínez (a) Don Licho, en
la secundaria Don Héctor Chacón Ocampo y en la prepa Don Luis Ramírez Rosado.
Todos grandes maestros de generaciones, intemporales, insustituibles. No solo
brillaban en el aula, también predicaban con el ejemplo, eran hombres de
familia, profundamente religiosos, ciudadanos ejemplares, hombres de bien.
Entre los tres estamos hablando de cerca de 150 años
de contribución al futuro de las nuevas generaciones. Don Licho (QPD)
representaba el prototipo de la bondad docente, Don Héctor es ejemplo de
nobleza y entrega a su vocación y Don Luis es la solera que dio cuerpo y
esencia a las juventudes que abrazaron el ideario educativo del Centro
Universitario Montejo (CUM).
Formadores en todo el sentido de la palabra, sin duda
los imprescindibles.


