La Revista

Imagen para acompañar este texto: Según Estados Unidos, México no está haciendo lo suficiente en materia de combate al narco


Por Venus Rey Jr
 
Desde el 9 de marzo de 2023, y en distintas ocasiones, el entonces presidente López Obrador afirmó categóricamente: “En México no se produce fentanilo, y nosotros no tenemos consumo de fentanilo.” Como siempre, sus simpatizantes le creyeron y lo vitorearon –y le siguen creyendo, y lo siguen vitoreando–. No faltó quien se pusiera a corear el “no estás solo”, como si López Obrador fuera un ciudadano indefenso que no tuviera a su disposición todo el aparato del Estado mexicano y todo un partido cada vez más omnipresente y poderoso. En un contexto así, el “no estás solo” resulta ridículo.
 
López Obrador pasó meses negando que en México se produjera fentanilo, y al mismo tiempo su propio gobierno daba a conocer desmantelamientos de narco-laboratorios. Cuando ya fue imposible sostener la mentira, López Obrador ajustó: insistió en que en nuestro país no se producía fentanilo, pero aceptó que en todo caso se “troqueleaban” pastillas.
 
Hace unos días, después de una embestida más de las autoridades de Estados Unidos, Claudia Sheinbaum salió a decir que su gobierno sí combate a los narcos y que se han desmantelado 2,500 laboratorios.
 
Por su parte, el  US National Drug Control Strategy 2026 (Estrategia Nacional de Control de Drogas de los Estados Unidos), publicado y lanzado por Trump la semana pasada, dice en una de sus partes: “México es el primer centro de procesamiento de fentanilo y metanfetaminas a nivel mundial, y es el principal Hub de tránsito de estas sustancias hacia Estados Unidos.” ¿Desde cuándo? Según informes y estudios del American Immigration Council y de la DEA, que usted puede consultar en internet, a partir de 2019 México se ha transformado en el centro neurálgico mundial del fentanilo. Según estos documentos, antes de 2019 las organizaciones criminales de Estados Unidos compraban fentanilo terminado a laboratorios chinos, pero el gobierno americano logró que Xi Jinping prohibiera la exportación directa de fentanilo genérico y de sus análogos. Esto ocurrió en mayo de 2019. En ese momento, los carteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación vieron una oportunidad única para apoderarse del negocio: comenzaron a importar los precursores químicos de China e India y transformaron a México, en estos ocho años –que es el tiempo de los gobiernos de la 4T–, en el primer centro de procesamiento de fentanilo y metanfetaminas a nivel mundial, como señala la National Drug Control Strategy.
 
El dato que acabo de mencionar es muy duro y tal vez mucha gente no lo tenga en el radar, especialmente si simpatizan con la 4T. No estoy acusando a los gobiernos de Morena y aliados de facilitar este fenómeno. Es una coincidencia temporal, con fecha de inicio bien determinada –mayo de 2019–. En cuanto los chinos dejaron de exportar fentanilo a Estados Unidos, los criminales mexicanos aprovecharon y se adueñaron del negocio. Los informes que he citado señalan que durante 2020 y 2021 la producción a gran escala de fentanilo se consolidó por completo en territorio mexicano. Pero dos años después, en marzo de 2023, el presidente López Obrador seguía negando que México produjera fentanilo. O de verdad no lo sabía, y eso lo vuelve incompetente; o sí lo sabía, pero lo negaba, lo cual supondría una pesada responsabilidad. Por eso el timing de sus viajes a Badiraguato resulta en retrospectiva sumamente desagradable: marzo de 2020, julio y octubre de 2021, abril y octubre de 2022, noviembre de 2023. No estoy acusando a López Obrador de nada, pero sí resultan chocantes y desconcertantes esas visitas, justo en los momentos en que los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación se convertían en los putos amos del fentanilo a nivel mundial –discúlpeme, por favor, nunca uso groserías, pero no pude evitarlo–.
 
Sheinbaum debió darse cuenta desde el principio que no podía sostener las mismas líneas narrativas y de acción de López Obrador. Ha cambiado el discurso y la estrategia. Pasamos del “en México no se produce fentanilo” al “hemos desmantelado 2,500 laboratorios”. Ha sepultado el infame “abrazos, no balazos”.
 
Veamos las acusaciones de Estados Unidos contra México. Podrá usted hacer florecer su lado patriota y decir que todo lo que dicen los gringos es una calumnia contra la 4T y López Obrador, o podrá hacer usted florecer su lado intervencionista y exigir la incursión masiva de marines en México. No se trata de lo uno ni de lo otro. Vamos a ver si las acusaciones contra México tienen sustento.
 
La primera acusación ya la mencioné: que México es el primer centro de procesamiento y producción de fentanilo y metanfetaminas a nivel mundial, y es el principal Hub de tránsito de estas sustancias hacia Estados Unidos. Esto es cierto. Reconocido no solo por los americanos, e implícitamente hasta por el propio gobierno de México, pues de lo contrario no colaboraría con tanto ahínco con Estados Unidos.
 
Segunda acusación: el gobierno de México no combate a los carteles; los carteles son la principal amenaza de la soberanía de México. Aquí hay dos afirmaciones. La primera es falsa. El gobierno de México está combatiendo a los carteles. Eso es innegable. Diario se reportan desmantelamientos de laboratorios; diario hay detenidos; las autoridades estadounidenses han reconocido públicamente los esfuerzos de México. Quizá los resultados que quisiéramos nos son los que se están registrando, pero el gobierno está actuando. La segunda afirmación es verdadera: déjese usted de patriotismos ramplones o de sentimientos viscerales contra la llamada 4T, que eso en nada contribuye a entender el problema; más aún, sesga a uno y le resta dramáticamente capacidad de juicio. La principal amenaza contra la soberanía de México no es Estados Unidos; son los carteles que operan en grandes extensiones de nuestro territorio. Donde ellos gobiernan, el Estado mexicano no es soberano.
 
La tercera acusación: México no está haciendo lo suficiente para desmantelar con rapidez los laboratorios de metanfetaminas y fentanilo (insufficient action againts labs). Aquí hay matiz. Este gobierno ha desmantelado mucho más que el anterior, lo cual demuestra que está atacando el problema. Que podría hacer más, posiblemente. Hay que considerar que la capacidad de las instituciones de seguridad no es infinita; más bien es limitada, por eso no puede México solucionar su problema sin la colaboración de las autoridades estadounidenses. De acuerdo a reportes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, en lo que va de esta administración se han desmantelado 2,337 laboratorios de fentanilo y metanfetaminas. El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, dijo el martes 12 de mayo que nunca ha habido una cooperación tan buena entre México y Estados Unidos a propósito de este tema. También dijo en ese mismo speech que si las autoridades mexicanas no hacen su trabajo, ellos –los americanos– lo harán. Pero, vaya, aunque hay presión, también hay reconocimiento a la cooperación del gobierno de México.
 
Cuarta acusación: el gobierno de México no está haciendo lo suficiente para incautar los precursores que vienen de China e India. Esto parece ser verdad en cierta medida. Y la prueba está en el desmantelamiento de laboratorios, que no operarían sin los precursores químicos. Hay corrupción en los puertos, pues por ahí llegan. Las principales entradas son Lázaro Cárdenas y Manzanillo, y eso –como “La boa”, de la Sonora Santanera– todo mundo lo sabe, lo sabe. Desde luego no puede haber un censo de laboratorios, pero los informes de Defensa indican que la capacidad itinerante de los carteles es muy alta; lo cual quiere decir que pueden muy rápidamente montar otro laboratorio cuando uno es desmantelado. Es como la hidra de Lerna: tiene mil cabezas, si le cortas una, le salen dos, así que no hay modo de terminar con ella, salvo Hércules, claro. Pero todavía no hay un Hércules, ni en México ni en Estados Unidos, capaz de derrotarla. 
 
La quinta acusación es muy delicada, porque implica vínculos del gobierno con los narcos: Falta de resultados tangibles (lack of tangible results). El gobierno de Estados Unidos demanda en el documento más persecución de los criminales, más extradiciones de miembros de carteles y, lo que es más importante, más detenciones y extradiciones de sus aliados narco-políticos (narcopolitical allies). Aquí en México la 4T defiende al gobernador Rocha Moya y al senador Inzunza et alii, pero allá en los Estados Unidos como que tienen la impresión de que son narcopolitical allies del cartel de Sinaloa y de los chapitos, vaya usted a saber. Los americanos dicen que vendrán más acusaciones, incluidos varios gobernadores y figuras importantes de la política mexicana.
 
Otra acusación es que México no hace lo suficiente para impedir el lavado de dinero. Y esto, por desgracia, podría no estar exento de verdad.
 
En las secciones 1.1.2 y 1.1.5 de la US National Drug Control Strategy 2026 se advierte que si México no corrige y no subsana las deficiencias señaladas, Estados Unidos tomará todas las medidas que sean necesarias, incluidas acciones unilaterales. En el capítulo 3 de esta Estrategia se señala como objetivo primordial atacar la producción extranjera de droga en su fuente (Attack foreign drug production at the source). O sea, plantea la posibilidad de atacar a los carteles que producen droga, pero ahora en su propio territorio. Antes no era posible, pues los carteles no tenían el estatus de organizaciones terroristas internacionales. Pero ahora sí lo tienen, así que, al menos desde el punto de vista de la autoridad estadounidense, un ataque directo a los carteles en sus territorios es posible.
 
Y, no sé, quizá ya empezaron a hacerlo. Claudia Sheinbaum dijo el miércoles 13 en su conferencia de la mañana que en México no actúan agentes de la CIA, como afirma CNN. Y al mismo tiempo tiene el ojo puesto en Chihuahua por la acción de agentes de la CIA en operativos anti-narcóticos. La CIA jugó un papel fundamental en la detención y abatimiento de El Mencho. Las autoridades mexicanas y estadounidenses confirmaron que la operación fue planeada y ejecutada por el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, en coordinación bilateral. La CIA brindó información fundamental fruto de sus trabajos de inteligencia. No parece verosímil que los trabajos de inteligencia hayan sido realizados solo a control remoto desde el George Bush Center for Intelligence en Virgina.
 
De alguna manera los estadounidenses también están haciendo el trabajo (do the job). Y qué bueno. De eso se trata. Si El Mencho fue detenido y abatido, cualquier criminal en México puede ser detenido y abatido. El Estado mexicano tiene que recuperar la soberanía que sus gobiernos y autoridades han dejado en manos de los narcos. Y si para ello hay que coordinarse, colaborar y cooperar con Estados Unidos, pues adelante. Quien se sienta mal por eso, pues que siga ensalzando a los criminales y se siga poniendo en el lado equivocado de la Historia.
 
Muchas voces acusan al gobierno de Sheinbaum de ser un narco-gobierno. No hay duda de que existen gobiernos estatales y municipales que son narco-gobiernos, pero me parecen infundadas las acusaciones sobre el gobierno que preside Claudia Sheinbaum, sin negar que en algunas de sus estructuras, principalmente las que tienen que ver con seguridad (Marina, Ejército, Guardia Nacional) pudiera existir corrupción, infiltración e influencia de los grupos criminales, como ya es evidente en cada vez más casos. Lo más probable es que así sea, y por eso es tan difícil combatirlos. Con todo, creo que Sheinbaum –por los datos oficiales publicados hasta la fecha que comentaré en otra ocasión– está siendo más eficiente que cualquiera de los presidentes en lo que va de este siglo.

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