Aragamur tenía el color dorado de la piedra castellana, no era Salamanca ni Palencia ni Burgos. Era una ciudad con ventanas abiertas hacia el paseo de álamos, el río, y la verdad.
Entraba ya el noble caballero, a mediodía, y todos le estaban mirando. Ojos de asombro o pestañas rizadas o mirar de azul y duda estaban mirando. Había llegado de él una misiva no hacía mucho…
… y su entrada a la localidad causaba asombro.
Venía para ganar. Caminaba como caminan los que saben que van a la conquista, que por compañera llevan a la nobleza y por amiga a la pureza. Corazón de honor y lealtad. Gestos heroicos…
Todos le estaban mirando. Realmente le estaban esperando. Aguardaban que su presencia pusiera fin a aquel desastre…
Hoy es más fácil que ayer. Al que me diga qué libro se homenajea en este cuento le invito a un sorteo para el envío de mi nuevo libro.
Aragamur nació hoy, es producto Albriux
Dedicado a Albriux
A Luis
A nobles caballeros de nobleza
A las personas de verdad
A lectores
A mi bella Salamanca
Y a todos los que ayer me acercasteis un pedazo de mi bella Salamanca


