Mencía venía de otro planeta. Era una niña y era una niña como cualquier otra. Pero ella venía de otro planeta. Iba a estar visitando la Tierra unas semanas. Era una niña culta, muy alegre e inquieta. Curiosa y con ganas de aprender todo! Ella tenía un ojo negro y el otro blanco: los dos despiertos!
Ya había conocido Londres y sus calles de modernidad y color. Ya había visto Nimes: la ciudad francesa con piedra de color arena. Ya había comido queso en Holanda, sabía de Mozart y de Niña Pastori. Había descubierto la nieve en Suiza y las letras de Dickens en los libros! Montó a caballo en islas suecas!
Quería, ya en España, conocer el toreo! Un bohemio que vivía en todas partes le había hablado de esa arte! Y entonces él mismo la invitó a una cabaña en el bosque de las Hadas! Mencía era un hada! Una cabaña al estilo de los cuentos infantiles más clásicos! Allí conocería…
Y conoció! Allí se escribió el relato Mencía y los siete toreros! Ella acudió a la cabaña y ellos la invitaron a café y le explicaron del burel y las verónicas. José Tomás le habló de la quietud; Juli de la verdad; Morante de la bohemia; Manzanares toreó despacito con su muleta; Talavante versó sobre la magia; Toñete explicó de la fuerza… y el séptimo…
El séptimo torero era Manzanares, el Eterno JoseMari: un lienzo de él sobre el albero que los matadores regalaron a Mencía…
Y se marchó Mencía… feliz para su planeta.. qué arte!!
Dedicado a los cuentos infantiles
A mi Luis
A las personas mencionadas
A mi mago
A los bohemios y a mis bohemios
A los aficionados de verdad
A la cultura y a la gente culta
A Mamen


