De un vestido de lunares se escapó uno.. En verdad no se escapó. Simplemente resbaló y se cayó. Era blanco, y vivía sobre un terreno de color rosa. Era primo de aquel círculo de un cuento de Cristina Oleby, uno de lo más aventurero…
El lunar que se cayó era travieso y pequeño.. y se dedicó a vivir y a viajar. No tuvo miedo, no hay que tener miedos, hay que vencerlos. Atravesó la maravillosa Sevilla y se emocionó en la Maestranza: templo del toreo. Conoció Antequera: blanca y bella, serena..
Y en Algeciras descubrió la nostalgia de la guitarra de Paco de Lucía. Y en Córdoba le explicó El Pele que flamenco se escribe con esas ocho letras, esas, y se apellida arte y tradición. Y al lunar le contaron que antes toreaba un tal Talavante…
…mucho mejor que bien…
…y que Cai y Cádiz a veces es lo mismo, y que el duende existe…
Ahora el lunar ya está de nuevo en el vestido, y es muy feliz, mucho más que antes… y ha dado hoy un abrazo a un soñador bohemio y otro a Carlos: un gran amigo.
Dedicado a los lunares
Al flamenco
A las personas mencionadas
A Talavante
A los bohemios soñadores
A Antequera, Sevilla y Cai
A Carlos
A Luis
A mis sevillanos
A Anya: alemana de Cai


