La Revista

53 mariposas amarillas

Francisco Solís Peón
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Cultura, por: Francisco Solís Peón.

“Muchos años después, frente al pelotón de
fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde
remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Tuve el gusto de conocer a García Márquez un medio día
de primavera en la mítica librería “El Parnaso”
de Coyoacán. Hombre sencillo, al percatarnos de su presencia como un cliente
más, muy pronto se formó una pequeña fila con lectores ávidos de una
dedicatoria. Por recomendación compré “La mala hora”, porque de acuerdo a un
antiguo maestro de literatura se trata de un libro que “en mala hora se
escribió” y por lo tanto resistiría la tentación del maltrato que conlleva una
lectura acuciosa.

Con absoluta bonhomía “Gabo” firma unos cuantos libros
y con gran familiaridad nos dice:

-Perdonen pero vine a hablar de libros con mi amigo
(el feliz librero) y siempre termino vendiéndolos.

Ignoro qué ha sucedido con mi ejemplar dedicado, nunca
he leído “La mala hora” y ahora me dan todavía menos ganas, debe andar
escondido en algún rincón multidimensional de mi modesta biblioteca.

Pocos aniversarios literarios son tan emblemáticos
como el 30 de mayo de 1967, hace 53 años cuando salió a la luz “100 años de
soledad”, obra cumbre del realismo mágico y libro insignia de toda la
literatura latinoamericana.

Recuerdo bien la breve pero sustanciosa charla que mi
buen amigo Roger Gutiérrez Díaz sostuvo aquella tarde coyoacanense con García
Márquez, hablaban de un tal Burudí Burundanga (o algo así) tal vez el verdadero
padre del realismo mágico, según esto consta en un famoso manuscrito
resguardado en la biblioteca nacional de Colombia; la verdad es demasiada
erudición para un servidor que pretende quedarse con la duda existencial de
manera perenne.

No vamos a divagar sobre las mil y un historias que se
entrelazan en el complicado entramado del libro, tampoco en la fina y tortuosa
genealogía de la familia Buendía, con cada personaje como un mini protagonista
del que brotan relatos y detalles increíbles.

A manera de reconocimiento por el tiempo transcurrido,
podríamos centrarnos en anécdotas poco conocidas de la génesis de la obra que
se ha colocado como el epítome de la imaginación terrenal.

Para comenzar pocos creerían que el primer contrato
entre “Gabo” y la editorial “Sudamericana” de Argentina incluyó un cheque “no
reembolsable” de 500 dólares a manera de anticipo.

Originalmente no se hizo una presentación oficial del
libro, sino que se vendió a la antigüita de boca en boca y con un par de
sinopsis raras perdidas en la prensa cultural de la época, A pesar de ello la
primera reedición tuvo que realizarse apenas al mes de haber salido al mercado
por que la demanda crecía día con día.

Toda vez que fue entregado a la imprenta, el autor y
su esposa se dieron a la tarea de destruir una a una todas las hojas del
original escrito a máquina, esto para que nadie descubriese “su carpintería
secreta”, como él mismo decía, ya que se encontraba “acribillado” por un
sinnúmero de correcciones y cambios hechos a mano en tintas de distintos
colores (faltaba más).

En suma, más de medio siglo después todos los hombres
que conocemos la historia nos sentimos con derecho a sentirnos como el chulo
Mauricio Babilonia después de una noche de amor, pero ¡Carajo! ¿Dónde se meten
las mariposas amarillas cuando se les necesita?

Francisco Solís Peón
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