Por Fernando Belaunzarán
Si la sobrina no graba a su tío cuando la enfermera
simula inyectarlo, él y su familia creerían que fue vacunado y que las
autoridades sanitarias cumplieron con su obligación.
La metáfora cayó como anillo al dedo. Una enfermera
simuló aplicar la vacuna a un adulto mayor en Zacatenco, sólo le dio el
piquete. Las autoridades aceptaron el hecho, alegaron “error humano”, separaron
a la responsable y denunciaron campaña de difamación ante la entendible
indignación social.
Pero, al margen de los dimes y diretes por el
injustificable acontecimiento, la imagen gráfica es inmejorable para
representar el papel de la abrumadora propaganda oficial respecto a la
situación del país.
El presidente Andrés Manuel López Obrador es dado a
agitar un pañuelo blanco para anunciar que se ha logrado el deseado fin de la
corrupción, aunque lo hace sin aportar un sólo dato verificable que lo sostenga
y compruebe. Un acto de ilusión que se desmiente con evidencia: 80% de los
contratos que otorga su gobierno son sin licitación, el rechazo a las
solicitudes de información se incrementó con él, el Sistema Nacional
Anticorrupción está en el abandono y los escándalos por conflictos de interés,
malos manejos, falta de comprobación e irregularidades durante su
administración han quedado en la impunidad. El pañuelito es la jeringa vacía.
De hecho, se trata de un modus operandi. SPIN,
taller de comunicación política coordinado por Luis Estrada, ha contabilizado
en las mañaneras más de 40 mil afirmaciones no verdaderas o imposibles de
corroborar. El mandatario habla ahí de un México inexistente que supuestamente
ha renacido tras décadas ominosas de neoliberalismo. Es la narración simplona,
pero efectiva, de historieta maniquea, en la que el narrador se asume héroe de
una epopeya de alcances legendarios, en la que se enfrenta a opositores
convertidos en villanos que deben ser derrotados, pues los acusa hasta de ser
“traidores a la patria”. La jeringa sólo tenía aire, igual que la retórica
presidencial.
Sin comprobación se apela a la fe. El Presidente se
desenvuelve, dando por sentado que su palabra basta y sobra para ser creída.
Cualquier cuestionamiento o revelación que desmienta sus dichos y muestre una
realidad distinta es respondida con el escarnio público, descalificando
moralmente a la persona y/o al medio que se atrevió a contrariarlo.
Si busca capturar organismos autónomos que generan
información e intimidar a la prensa libre y a quienes la defienden, como acaba
de ocurrir con Artículo 19, es porque quiere que sus “otros datos” sean los
únicos y su narrativa prevalezca. Eso explica que la opacidad sea mayor hoy que
antes y pretenda desaparecer al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a
la Información y Protección de Datos Personales (Inai). Tras el video de la
vacuna fingida decidieron prohibir grabaciones en los centros de vacunación. Lo
grave no es que haya ocurrido, sino que se sepa.
La propaganda apunta a la percepción. Si la sobrina
no graba a su tío cuando la enfermera simula inyectarlo, él y su familia
creerían que fue vacunado y que las autoridades sanitarias cumplieron con la
obligación de hacerle efectivo su derecho a la salud.
No sabemos cuántas personas han sido engañadas por
otros “errores humanos”, circularon videos con imágenes similares, ni tampoco
las medidas que se tomarán para evitar su repetición, pero da mala espina que
su respuesta sea evitar lo que permitió descubrir la falla y corregirla. Con
ello mandan el mismo mensaje que el Presidente cada vez que opta por
descalificar a quien revela actos indebidos en su gobierno.
La vacunación carga con el lastre de su uso
político-electoral. Primero aplicaron dosis a los “servidores de la nación” que
reparten programas clientelares antes que a buena parte del personal médico que
hoy sigue en espera, sobre todo de hospitales privados que han sido
discriminados absurda e injustamente, no obstante los riesgos que corren al
ejercer su esencial e imprescindible profesión, razón por la cual son priorizados
en el resto del mundo. Increíble que eso suceda en el país con más
fallecimientos por covid-19 en el sector Salud. La lógica para ganar votos no
es la misma que para salvar vidas.
El presidente López Obrador recurre, de nuevo, a
teorías de la conspiración y desliza la idea de que se trató de un montaje sin
más prueba que su dicho. Ellos nunca se equivocan y él siempre resulta ser la
víctima, aunque lo agarren con las manos en la jeringa vacía.


