Por: Cristina Padín.
..era también la más pequeña. Humilde, es humilde, decía la abuela. Y con la humildad se llega a todas partes, con la arrogancia únicamente al fracaso. Regresaba tarde tras tarde del colegio jugando tanto que se le rompían los zapatos. La aldea era gallega, él quería ser médico.
En la escuela aprendió muchas cosas, y no solo a multiplicar, hubiera sido una escuela muy mala! Fue niño de buenas notas y de balón, enamoradizo y lector infatigable. Al llegar a la universidad le parecía mentira que se hubiera acabado la infancia. Tanta nostalgia del pan con chocolate..
Hoy es un doctor jubilado. Fue médico de familia… tan querido en el pueblo. También es un abuelo. Su nieto ya no vive en una casa pequeña, pero sí lo hace en un lugar que también le encanta. Quiere ser torero. Entrena, lee, se esfuerza, busca. Sueña con lances y capotes y muletas.
Se llama Elías. Su abuelo le apoya, como le apoyaron a él. Entrega, trabajo, verdad y humildad.. El joven es culto y educado.
Este cuento está dedicado a todos esos niños de aldea que fueron valientes y muy trabajadores
A Memorias dun neno labrego, una novela que me fascina, como homenaje
A los médicos, siempre héroes
Al toreo
A Elías Nogueira, joven gallego que quiere ser torero
A Marcos Linares
A mi querido Luis
A lances, capotes y muletas


