La Revista

-Pioneros de la Izquierda en Yucatán-

(Ilustración: Paloma Milla)

Dr. Jesús Amaro Gamboa.

Carlos E. Bojórquez Urzaiz.

Una mañana de 1985, en vísperas de que otorgaran la Medalla Eligio Ancona al doctor Jesús Amaro Gamboa, fue presentado su libro, El Uayeismo en Yucatán, durante un acto efectuado en la Biblioteca Central Universitaria, donde además puso en circulación otra obra suya, íntimamente relacionada con la primera, que intituló: Vocabulario del Uayeismo en la cultura de Yucatán. Ambos libros, incluido un suplemento del primero denominado, Hibridismos en el habla del yucateco, y desde luego la presea que recibió la noche del 13 de septiembre de 1985, coronaban la obra de uno de los rectores más talentosos con que ha contado el Alma Mater, cuyo brevísimo paso por el cargo, en el año de 1936, no frenó sus deseos de realizar una acción que para su ideario resultaba impostergable: concertar la participación paritaria de profesores y estudiantes en el seno del Consejo Universitario.Al acercarnos a la obra del Dr. Jesús Amaro Gamboa, sin dificultad se observa la anticipación del concepto hibridez cultural, cuyo manejo guío sus estudios sobre la lengua, que a través del habla yucateca restituyeron aspectos de nuestra identidad, utilizados por él mismo en su vida diaria.

Cuando menos las veces que tuve la suerte de tratarlo, tanto en Mérida y como en la Ciudad de México, rodeado casi siempre de sus amigos Hernán Rosas Novelo y Miguel Civeira Taboada, o Antonio Betancourt Pérez y Franti Cardeña, hablaba como pensaba, y actuaba como decía ser. Para explicarlo con más claridad, acaso debo apuntar que la obra y pensamiento del inolvidable rector Amaro Gamba resumen lo mejor del alma popular yucateca, desechando cualquier folclorismo de sus interpretaciones, como acostumbran hacer quienes describen sus reflexiones del habla como asunto festivo o instrumento del choteo. Si uno lee en su obra, expresiones híbridas como: DZIZ PUTO o PAN CHUCUL, asúmase que procedían de una persona genuina, cuyo empleo correspondía al habla con que se expresaba cotidianamente, sin renunciar a la cima de su intelectualidad. Nunca se asfixió en la ridiculez de los puntos suspensivos tan usados por escritores y publicaciones, que, esgrimiendo una moral incierta, proscriben la riqueza cultural yucateca.

Por ello resulta triste que al mencionarse la obra del ilustre doctor Amaro Gamboa, se pretenda aislar la genialidad de sus estudios sobre el Uayeismo, del compromiso que desde muy joven adquirió con los máspobres de Yucatán. Precisamente fue el doctor Amaro quien en 1929 inició la enseñanza de Economía Política Marxista, en el Instituto de Extensión Educativa, que funcionaba como escuela nocturna en la Casa del Pueblo.

De igual manera, se suele omitir que en la narrativa de su novela, Yucatán sueño sin fin (crónica de una utopía) impresa en 1972, describe los medios para generar riqueza en el estado, pero sobre todo la manera en que imaginaba un lugar más justo y digno para vivir. Vale recordar que el discurso pronunciado en ocasión de la entrega de la Medalla Eligio Ancona, no fue sino un pronunciamiento del galardonado contra algunas de las fatalidades del capitalismo, ratificándose que el alma popular por él esgrimida se inspiró en un ideario contrahegemónico. Habiendo nacido en Tixkokob hacia el año de 1903, supo conservar el hilo que lo ataba al terruño, y frente esa especie de confinamiento al que fue forzado por la sagacidad de su pensamiento, Amaro Gamboa procuró mantener la vigencia y novedades de su obra, mediante escritos que vieron la luz en el desparecido Diario del Sureste, y en la Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán, a cuyo director Conrado Menéndez Diaz fue enviándole por entregas para publicar en varios números y sobretiros de esa revista, los tres volúmenes que integran sus estudios sobre el lenguaje y la cultura. Siento orgullo al mencionar, entre líneas, que tuve el honor de haber estado entre los comentaristas de la primera edición de sus obras del Uayeismo, cuyatrascendencia ameritó una nueva impresión en el año de 1999, y por azares del destino, en esa ocasión también fui invitado para glosar aspectos de su contenido. Esto ocurrió después del doloroso fallecimiento del doctor Jesús Amaro Gamboa en 1992, a quien como universitario siempre recordaré con gran afecto y admiración.

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