La Zona Puuc de Yucatán enfrenta una de sus crisis ambientales más graves ante el avance de la deforestación, la expansión agroindustrial y el cambio acelerado del uso de suelo en comunidades del municipio de Tekax. En los últimos años, áreas que antes formaban parte de la selva mediana subcaducifolia han sido sustituidas por campos agrícolas dedicados a cultivos como soya, maíz, sorgo, chile, papaya, cítricos y, principalmente, limón tecnificado, producto que ha ganado fuerza económica en la región bajo el nombre de “diamante verde”.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Forestal, entre 2001 y 2023 Tekax perdió el 14 por ciento de su cobertura forestal total. La deforestación ha sido atribuida en gran medida a comunidades menonitas y a empresas agroindustriales mexicanas y extranjeras, cuya presencia ha transformado el paisaje rural y ha generado preocupación entre habitantes, apicultores e investigadores.
El municipio se ubica cerca de dos zonas de protección: el Área de Protección de Flora y Fauna Bala’an K’aax y la Reserva Estatal Biocultural del Puuc. Sin embargo, estimaciones de investigadores de campo señalan que ambas reservas acumulan alrededor de 9 mil hectáreas arrasadas desde la llegada de operadores agroindustriales en 2017. Esta situación ha encendido alertas por el impacto en la biodiversidad, la recarga del acuífero y la vida comunitaria de los pueblos mayas de la zona.
El fenómeno no se limita a un solo grupo. Aunque las comunidades menonitas son señaladas como uno de los actores más visibles en la transformación del territorio, habitantes e investigadores advierten que detrás de diversos proyectos también participan empresarios agrícolas e inversionistas externos, quienes recurren a mano de obra menonita para ejecutar desmontes. En septiembre de 2025, la entonces titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, afirmó que “una de las zonas más riesgosas que hemos identificado es la Península de Yucatán”, al señalar casos de deforestación y siembra de maíz transgénico.
Entre mayo y agosto de 2025, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente clausuró 25 predios en la Península de Yucatán, equivalentes a 6 mil 325 hectáreas de selva devastada, en su mayoría vinculadas con la agroindustria citrícola. Solo en Tekax se reportaron intervenciones en al menos cuatro predios entre 2025 y 2026, incluidos terrenos en San Diego Buenavista, Nohalal, Becanchén y un predio dentro del Área Natural Protegida Bala’an K’aax. En uno de los casos fueron asegurados bulldozers, plantas de energía, un remolque y piezas de madera extraída ilegalmente.
La devastación ambiental también ha golpeado a la apicultura. El 10 de mayo de 2025, habitantes de Nohalal encontraron miles de abejas muertas frente a sus colmenas, una escena que se repitió en otros apiarios de la zona. Investigadores del Colegio de la Frontera Sur analizaron muestras y detectaron fipronil, un insecticida clasificado como plaguicida altamente peligroso. Jaime González Tolentino, uno de los investigadores, señaló que “en las tres muestras analizadas se encontraron residuos de fipronil por encima de la dosis mortal” y sostuvo que no había duda de que ese insecticida causó la intoxicación.
El daño no solo representa pérdidas económicas para los apicultores, sino también una amenaza para el patrimonio biocultural maya. Las abejas meliponas, conocidas como Xunan Kab’, tienen un valor ambiental, cultural y comunitario que va más allá de la producción de miel. La pérdida de polinizadores afecta directamente a las comunidades rurales y pone en riesgo la sostenibilidad de la actividad agrícola, pues en Tekax el servicio ambiental de polinización tiene un valor estimado de 276.9 millones de pesos al año, equivalente al 38 por ciento del valor total de la producción agrícola municipal.
Otro de los puntos críticos es el agua. La Zona Puuc forma parte de un sistema kárstico donde el agua subterránea alimenta cenotes y sostiene a las comunidades. Los desmontes, la apertura de caminos, los incendios y la extracción irregular de agua subterránea han generado denuncias de pobladores, quienes advierten cambios en el comportamiento de las aguadas durante la temporada de lluvias. Algunos habitantes también señalan la perforación de pozos sin permisos y el riego constante sin medición volumétrica.
Para las comunidades mayas, el problema central no es únicamente ambiental, sino también de gobernanza. Habitantes de la zona denuncian que los nuevos proyectos citrícolas no han sido sometidos a consulta comunitaria ni cuentan con estudios de impacto ambiental aprobados, según respuestas a solicitudes de información dirigidas a la Semarnat. La percepción de impunidad crece cuando los predios clausurados terminan regularizándose y reincorporándose a la actividad agrícola. En ese contexto, uno de los pobladores resumió el choque de visiones con una frase contundente: “Para ellos es trabajar y producir; para nosotros es cuidar lo que nos da de comer”.
La situación en la Zona Puuc muestra una disputa profunda entre el avance del capital agroindustrial y la defensa de los territorios comunitarios mayas. En Tekax no solo está en juego la conservación de la selva, sino también el futuro del agua, la apicultura, la biodiversidad y una forma de vida que durante generaciones ha dependido del equilibrio entre la tierra, el monte y las comunidades que lo habitan.


