La República Democrática del Congo enfrenta una nueva etapa crítica por el brote de ébola registrado en el este del país, luego de que los casos confirmados alcanzaran los 1,003 y las muertes aumentaran a 254. La emergencia sanitaria, declarada el pasado 15 de mayo, mantiene bajo presión a las autoridades locales, especialmente en la provincia de Ituri, donde se concentra la mayor parte de los contagios.
El Ministerio de Salud congoleño informó que 100 personas han logrado recuperarse, mientras que al menos 365 pacientes permanecen hospitalizados o en aislamiento. Sin embargo, el avance del virus continúa siendo motivo de preocupación, pues las autoridades reconocen que aún podrían existir más casos no detectados y que el punto más alto del brote todavía estaría por llegar.
El brote está relacionado con el virus Bundibugyo, una especie de ébola para la cual no existe una vacuna ni un tratamiento específico autorizado, aunque la Organización Mundial de la Salud ha señalado que se mantienen investigaciones sobre posibles alternativas médicas. La OMS también ha advertido que la respuesta sanitaria se desarrolla en un contexto complejo, marcado por crisis humanitaria, inseguridad, alta movilidad de población y zonas de difícil acceso.
Uno de los mayores desafíos para contener la propagación es el rastreo de contactos. De acuerdo con las autoridades citadas por AP, la cobertura de seguimiento apenas alcanza el 55%, mientras que aún falta ubicar a más de 35 mil personas que pudieron haber estado en contacto con individuos infectados. Jean Kaseya, director general de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, advirtió: “No tenemos certeza sobre cuándo comenzó este brote”.
La situación se agrava por la violencia que afecta al este del Congo. En Ituri, los ataques de grupos rebeldes han limitado el acceso a varias comunidades y han provocado nuevos desplazamientos de población, lo que complica las labores de vigilancia epidemiológica. En campamentos superpoblados, las condiciones precarias elevan el riesgo de transmisión y dificultan la atención oportuna de posibles casos.
En el campamento de desplazados de Kigonze, ubicado en Bunia, autoridades locales reportaron la muerte de 10 personas en circunstancias inusuales, aunque hasta el momento no se ha confirmado la presencia de ébola en ese sitio. La agencia de la ONU para los refugiados expresó preocupación por el avance del virus en zonas donde viven millones de personas desplazadas, incluidos cientos de miles de refugiados.
Ante este panorama, la respuesta sanitaria se concentra en reforzar la vigilancia, el diagnóstico, el aislamiento de pacientes y la participación comunitaria. La OMS ha insistido en que la colaboración de las comunidades es clave para controlar este tipo de brotes, mientras las autoridades congoleñas buscan frenar una epidemia que ya superó la barrera de los mil casos confirmados y que amenaza con expandirse en una región golpeada por la violencia y la crisis humanitaria.


